Fui secuestrado, torturado y maltratado, vi cómo asesinaban
a mi familia en frente mía, saboreé la desesperación encerrado en una celda,
arrebatado de mi libertad tuve que
soportar la humillación de la experimentación y comprobé lo que era
ser una rata de laboratorio.
Sobreviví, a lo que fuera que me hicieran en esos meses, sobreviví
donde otros murieron. No sé cuánto tiempo pasé porque deliré durante días o
semanas, sufrí fiebres altísimas y un dolor terrible resistía abandonarme mientras
algo despertaba dentro de mi.
Y entonces me salvasteis, me liberasteis de esa horrible
prisión y volví a la libertad, pero no era el mismo, había cambiado, algo
dentro de mi no era igual. Físicamente también cambié, pues era más alto y más fuerte, veía mejor en
la oscuridad, y mi sentido del olfato se había multiplicado por 10, era capaz de oler el miedo, el dolor y la
felicidad, todo ello me asombraba, no
entendía qué me estaba pasando. Mis dientes se cayeron como si de dientes de
leche se tratase, una nueva dentadura al cabo de un par de días salió cual
tiburón, mucho más fuertes y perfectamente alineados.
Hasta ese momento siempre me consideré un cobarde, una
persona que no era digna por su escasa fuerza de voluntad, pero el miedo había
desaparecido, sustituido por una rabia, una ira innata, me costaba ser
racional. Me sentía como si fuera un animal salvaje, desconfiaba de aquellos
que no conocía y era sobreprotector con lo que consideraba mi familia, actuaba
por instinto, si quería comer comía, daba igual que no fuera mío o no lo
hubiese pagado, si me encontraba en problemas, golpeaba antes de hablar y donde antes no
hubiera hecho daño a una mosca, ahora no había nadie que pudiese devolverme el
golpe o aguantar mi envite.
Todo esto se lo hacia saber a los médicos y psicólogos que
me trataban después del secuestro, pero no fueron capaces de hallar respuesta
alguna, mis amigos me miraban con preocupación y tristeza y sé que querían ayudarme,
pero, cuando llegaron los primeros muertos tras alguna de mis peleas, se alejaron de mi, el mundo me señaló con el
dedo y nadie me creyó cuando intenté explicarme. Era un monstruo. La sociedad
me condenó, y aquellos a quienes amaba
me dieron la espalda, por primera vez me sentí solo. Pero no estaba solo, la
bestia rugía en mi interior como un lobo hambriento deseando ser el jefe de la
manada.
He necesitado tiempo pero ya he puesto en armonía mi parte
animal y mi parte humana. Ahora que he escapado de la celda que nuevamente la
sociedad me recluyó, pienso cumplir mi venganza
contra aquellos que me arrebataron mi vida.
Esto no es una amenaza, es un hecho y una despedida.
No soy un monstruo.
Soy un Renegado.
Soy Fenris.
Me-encanta. Estoy deseando leer más, que luego siempre me dejas con la miel en los labios
ResponderEliminargracias nep ^^ no sabia que aun alguien leia esto xD
ResponderEliminarMuy bueno el texto :)
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