martes, 2 de abril de 2013

El héroe que no conoci 1 parte


Mi nombre es Gabriel garcía del valle, y la historia que deseo contaros, trascurre en una extraña tarde de junio, digo estraña, pues era una tarde lluviosa y fría.
 En esa rara tarde tormentosa me encontraba yo de camino a la biblioteca de mi ciudad, pues estaba con los últimos exámenes de mi carrera y debía de estudiar, si todo iba bien ese año terminaría la carrera, y poco después, con un poco de suerte pudiera conseguir un trabajo estable, le propondría matrimonio a mi novia, Abril, una chica maravillosa con la cual ya había compartido 6 años de mi vida, no me avergüenza decir que soy un ñoño y en ese momento mi única ilusión era comprarme un piso y vivir con ella.
Con estos pensamientos entre en la biblioteca, hacía un frío horrible y llovía a cantaros, así que os será fácil imaginar cuanta gente había en la biblioteca, salude Silvia la encargada, y me dispuse a ir a mi lugar de estudio favorito, un rincón de la biblioteca, con una mesa que daba a una pequeña ventana por la que normalmente entraba un rayo de luz agradable, perdido entre las estanterías de la sección de historia. Al llegar note algo raro, alguien había estado allí hacia poco y se había dejado un libro encima de la mesa, deje mis cosas y mire el libro pensando en devolverlo a Silvia, ya que por las etiquetas deduje que era de la biblioteca y q simplemente lo habrían dejado descuidado allí, pero algo me atrajo la atención a ese libro, quizás fue el título.
“El héroe que nunca conocí”, el titulo estaba bordado con letras doradas sobre cuero marrón, era un libro muy bonito, diría que incluso había sido encuadernado de forma artesanal, pero no daba aspecto de ser muy viejo, parecía en muy buen estado y muy buen cuidado, rápidamente me interese por el autor, solo encontré sus iniciales, bordadas en también en dorado en la esquina inferior “A.G.L” me quede extrañado, me gustaba mucho leer y me consideraba algo culto en cuanto autores, pero no me sonaba ningún autor que usara esas iniciales ( en mi imaginación, dado al aspecto del libro pensé que se trataría de algún ejemplar restaurado de algún libro antaño), me senté con tranquildad y me dispuse a ojear ese libro que tanto me había llamado la atención, solo el silencio y la tranquilidad de la tormenta me acompañaban en la lectura.

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